Ten cuidado con lo que deseas
Susurro del olivar,
Hay decisiones que parecen pequeñas, tan pequeñas que apenas les prestamos atención. Un pensamiento que alimentamos, un deseo al que damos un poco más de espacio, una conversación que evitamos o una pequeña concesión que justificamos porque «no es para tanto». Nada parece cambiar. La vida continúa, un día sigue al otro, y nosotros también. Hasta que, un día, aparece la cosecha y nos preguntamos cómo hemos llegado hasta allí.
Cuando ves la cosecha, la semilla ya ha hecho su trabajo.
Jessica🌿
Susurro del olivar
Reflexión inspirada en las lecturas del 30 de enero 2026
Segunda de Samuel 11:1-4, 5-10, 13-17 | Salmo 51:3-7, 10-11 | Evangelio de Marcos 4:26-34
Eso es precisamente lo que me llamó la atención en las lecturas.
La historia de David y Betsabé suele recordarse como una historia de adulterio. Pero, al leerla despacio, descubrí algo.
La caída de David no ocurre de golpe. Ocurre paso a paso. David ve a Betsabé, pregunta quién es y la manda llamar. Ella queda embarazada. Entonces intenta ocultar lo ocurrido haciendo volver a Urías, el marido de Betsabé, desde el campo de batalla. Cuando su plan fracasa, prueba otra estrategia. Y después otra. Hasta que finalmente ordena colocar a Urías en el lugar más peligroso del combate para que muera.
Lo que comenzó con una sola decisión termina convirtiéndose en una cadena de decisiones cada vez más difíciles de detener. Cada paso parece solucionar el problema anterior, pero en realidad va sembrando el siguiente. Y eso es precisamente lo que hace tan peligrosa una mala semilla. Rara vez muestra sus consecuencias al principio. Es mucho más tarde cuando aparece la cosecha.
El salmo de hoy nos sitúa precisamente en ese momento. David ya no intenta esconder lo sucedido. Ya no busca otra estrategia. Solo reconoce lo que ocurre dentro de él: «Mi pecado está siempre delante de mí.» Por fuera había conseguido ocultar la verdad, pero por dentro ya no podía escapar de ella. Se siente sucio. Por eso no pide únicamente que Dios cambie sus circunstancias. Pide algo mucho más profundo: «Lávame… purifícame… crea en mí un corazón puro.»
David ha comprendido que el verdadero problema no empezó cuando aparecieron las consecuencias. Empezó mucho antes. Empezó con una semilla.
Entonces Jesús toma esa misma imagen en el Evangelio. Habla de un agricultor que siembra. Después continúa con su vida. Duerme. Se levanta. Los días pasan. Y, mientras tanto, la semilla sigue creciendo sin que él mismo sepa cómo. Primero brota el tallo. Después la espiga. Finalmente llega la cosecha.
Jesús no está hablando solo de agricultura. Está revelando una verdad sobre la vida. Todo lo que sembramos termina creciendo. También nuestras decisiones. También nuestros deseos. También aquello que permitimos entrar en nuestro corazón. Por eso resulta tan importante qué clase de semillas dejamos crecer. Porque cuando la cosecha aparece, la semilla ya ha hecho su trabajo.
Pero Jesús no solo nos advierte del peligro. También nos ofrece esperanza. Toda la enseñanza de Marcos gira alrededor de una misma idea: la Palabra de Dios es una semilla. Cada vez que permanecemos cerca de Él, su Palabra va sembrando silenciosamente una forma nueva de pensar, de discernir y de decidir. Y, casi sin darnos cuenta, un día descubrimos que respondemos de otra manera. No porque tengamos más fuerza de voluntad, sino porque una semilla distinta ha empezado a crecer.
La semilla de la Palabra de Dios no solo nos ayuda a comprender nuestro pasado; transforma silenciosamente nuestra próxima decisión.
Comprendiendo la Palabra
Las tres lecturas forman un mismo recorrido. Samuel nos muestra cómo una pequeña decisión puede convertirse en una cadena de consecuencias. El salmo nos lleva al momento en que David contempla el fruto de lo que ha sembrado y reconoce su necesidad de un corazón nuevo. Finalmente, Jesús revela que la vida del Reino también crece como una semilla, poco a poco y casi de manera imperceptible.
El mensaje central es una invitación a vivir con discernimiento. Cada decisión planta una semilla. Por eso la pregunta no es solo qué cosecha deseo tener mañana. La verdadera pregunta es qué estoy sembrando hoy.
Un pensamiento final
Hoy me pregunto:
¿Qué semillas estoy permitiendo crecer en mi corazón que algún día darán forma a mi futuro?
Jessica 🌿
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