Cuando no sabes en qué confiar
Susurros al olivar
A veces lo que más cansa no es elegir, sino no saber en qué confiar para poder hacerlo.
Reflexión inspirada en las lecturas del 10 de enero 2026
Primera carta de san Juan 5,14–21 | Salmo 149,1–2. 3–4. 5–6a y 9b | Evangelio: Juan 3,22–30
Susurro del olivar,
Hay días en los que no te falta fe.
No te falta intención.
Ni siquiera te falta deseo de hacer lo correcto.
Lo que falta es claridad interior.
Porque aparecen demasiadas voces a la vez.
Una te dice que avances.
Otra te pide que esperes.
Una te ofrece seguridad inmediata.
Otra te invita a soltar el control.
Y en medio de esa mezcla, lo que duele no es la decisión en sí,
sino esa sensación de no saber qué merece tu confianza.
Hoy las lecturas no se quedan en el tema de la confusión como si fuera una falla personal.
La tratan como algo real: hay cosas que compiten por ocupar el centro.
San Juan lo dice sin rodeos, casi como un aviso final:
cuídate de los falsos dioses.
No como si estuvieras rodeada de ídolos visibles,
sino de esas falsas seguridades que se sienten convincentes cuando estás vulnerable.
A veces el falso dios es el miedo.
A veces es la necesidad de controlar.
A veces es la urgencia de “resolver ya” para dejar de sentir tensión.
A veces es la aprobación de otros.
A veces es el hábito de desconfiar.
Y sin darte cuenta, empiezas a confiar en lo que te calma rápido,
aunque no te ordene por dentro.
El salmo, en cambio, trae una señal distinta:
cuando el corazón está en su sitio, aparece una alegría serena,
una dignidad que no depende de compararte ni de demostrar nada.
No es euforia.
Es alineación.
Y el Evangelio lo encarna en una frase simple y liberadora:
Él debe crecer, y yo disminuir.
Juan el Bautista no necesita pelear por su lugar.
No necesita defenderse.
No necesita asegurarse.
Porque sabe a quién pertenece el centro.
Ahí está la salida que hoy sugiere la Palabra:
Cuando no sabes en qué confiar, vuelve al centro.
Vuelve a lo que no te empuja ni te confunde, sino que te ordena.
No todo lo que promete alivio merece tu confianza.
No todo lo que suena convincente viene de Dios.
Pero hay una señal que hoy se repite:
Lo que viene de Dios no te engancha con ansiedad,
no te sostiene con miedo,
no te gobierna con urgencia.
Te deja más libre.
Más sobria.
Más en paz.
Y quizá hoy no necesitas una respuesta perfecta.
Quizá solo necesitas ese primer movimiento:
dejar de confiar en lo que te desordena por dentro
y volver a confiar en quien ya te conoce.
🌿Jessica
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