Cuando te sientes fuera de lugar

Cuando te sientes fuera de lugar

Susurro del olivar,

Hay días en que miras a tu alrededor y nada encaja del todo. Tu vida, con sus rutinas, relaciones y responsabilidades, parece hecha para alguien más. No es un drama evidente ni una crisis abierta. Es algo más silencioso. Una ligera extrañeza interior. Cumples, funcionas, haces lo que se espera de ti, pero por dentro sientes que algo no termina de asentarse. Como si tus pies tocaran el suelo, pero tus raíces no encontraran profundidad. Y quizá ni siquiera sabes cuándo comenzó esa sensación. Pareces parte del paisaje, pero te sientes desplazado.

Reflexión inspirada en las lecturas del 18 de enero 2026

Isaías 49,3.5-6 | Salmo 40,2.4.7-8.8-9.10 | Juan 1,29-34 | 1 Corintios 1,1-3

El profeta Isaías habla de un siervo formado desde el vientre, llamado antes de nacer, colocado con intención. No es un accidente ni un plan improvisado. Dios declara: “En ti me glorificaré”. El llamado existe antes de que el siervo lo comprenda plenamente. Puede sentirse pequeño, limitado o invisible, pero eso no cambia el hecho de que fue formado con precisión. Cuando te sientes fuera de lugar, no significa que hayas sido creado sin propósito. Puede significar que aún no estás completamente alineado con lo que fue implantado en ti desde el principio.

El salmista conoce el pozo, el lodo movedizo, la inestabilidad que hace sentir que todo se hunde. Pero el orden es revelador: primero Dios lo levanta, luego pone sus pies sobre la roca, y finalmente le da estabilidad. Solo después surge la declaración: “Tu ley está en mi corazón”. La estabilidad permite reconocer lo que ya estaba implantado. La paz no nace del esfuerzo desordenado, sino de la confianza renovada. Cuando el corazón vuelve a confiar, el suelo se vuelve firme. Como un olivo que, tras buscar agua en profundidad, encuentra tierra segura donde afirmarse.

Como el aceite que extraemos con paciencia del fruto, la confianza también requiere tiempo y presión para revelar su pureza.

En el Evangelio, Juan el Bautista no inventa su misión. La reconoce. El Espíritu desciende y confirma lo que ya estaba dispuesto. Él ve, comprende y da testimonio. Su claridad no nace de su fuerza personal, sino de su obediencia al llamado recibido. No se siente fuera de lugar en el desierto porque sabe por qué está allí. Cuando el llamado se reconoce, la confusión disminuye.

Pablo, al escribir a los corintios, se presenta como llamado por la voluntad de Dios. No se autodefine ni se autoimpone. La comunidad es descrita como santificada y convocada. Hay identidad, hay pertenencia, hay paz. No hay lenguaje de deriva, sino de colocación intencional.

Este susurro no pretende acusarte ni señalarte. Más bien te invita a mirar con honestidad esa incomodidad que no sabes explicar. Tal vez no sea simple confusión. Tal vez sea reconocimiento. El corazón sabe cuando algo no está alineado. La ley escrita en lo profundo comienza a despertar y a señalar suavemente el camino de regreso.

No necesitas decisiones impulsivas ni cambios dramáticos mañana mismo. Comienza pequeño.

Pregunta en oración: ¿Dónde he confiado más en mi propio ritmo que en la voluntad de Dios? ¿Dónde he preferido la comodidad antes que la obediencia?

La alineación no llega con ruido, sino con asentamiento interior. Cuando la confianza regresa, la obediencia se vuelve posible. Y cuando obedeces, la estabilidad comienza a crecer.

Poco a poco, vuelves a sentirte arraigado. Como el olivar al atardecer, firme, silencioso, en el lugar donde siempre estuvo destinado a estar.

¿ Qué parte de tu vida se siente “ligeramente fuera de lugar” hoy?
Si lo deseas, compártelo en los comentarios. No estás solo en este proceso. Tu reflexión puede ayudar a otros a reconocer lo que también están sintiendo.

Jessica 🌿


También puede ayudarte esta reflexión

Si hoy reconoces esa incomodidad interior, este susurro complementa el camino:

Cuando sigues dándote cuenta de que lo sabías desde el principio.



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