Cuando el duelo te devuelve al punto de partida
Susurros al olivar
El dolor no siempre vuelve porque no hayas sanado, sino porque el amor aún busca dónde descansar.
Reflexión del olivar,
Hay duelos que no avanzan en línea recta.
Momentos en los que sientes que has aprendido a convivir con la ausencia,
que respiras un poco mejor,
que la vida empieza a encontrar un nuevo ritmo.
Y de pronto, algo vuelve a romperse por dentro.
El dolor regresa.
La tristeza se profundiza.
Y aparece una pregunta silenciosa:
¿por qué otra vez?
Muchas personas interpretan esto como un retroceso.
Como si algo estuviera mal en ellas.
Como si no estuvieran “sanando correctamente”.
Pero el duelo no funciona así.
El duelo no es solo tristeza.
Es desorientación.
Es pérdida de referencia.
Es descubrir que algo que te sostenía ya no está.
Y cuando esa pérdida toca algo profundo —una madre, un ser amado, una presencia cotidiana—
no solo se llora la ausencia,
se tambalea la base interior.
A veces creemos que el dolor vuelve porque no hemos soltado.
Pero muchas veces vuelve porque hemos apoyado demasiado el corazón en algo que no podía permanecer.
Esto no es un error.
Es humano.
Amamos con todo lo que somos.
Y sin darnos cuenta, construimos estabilidad sobre ese amor.
Cuando esa presencia desaparece, el dolor no solo duele,
desestabiliza.
Por eso el duelo puede sentirse tan agotador.
No es solo tristeza.
Es el cansancio de no saber dónde apoyarse ahora.
La fe no elimina el duelo.
Pero puede reubicarlo.
La Palabra nunca promete que no habrá pérdidas.
Promete algo distinto:
una roca que no se mueve cuando todo lo demás cae.
Cuando el corazón se apoya exclusivamente en lo que es frágil,
cada pérdida lo derrumba por completo.
Cuando el amor se ancla en Dios,
el duelo sigue doliendo,
pero deja de destruir.
No porque el amor sea menor,
sino porque tiene un lugar más firme donde descansar.
Muchas personas se sienten culpables por querer “seguir adelante”.
Como si hacerlo fuera traicionar el amor vivido.
Pero moverse no es olvidar.
Respirar no es negar.
Vivir no es reemplazar.
Es permitir que el amor que ya no puede expresarse de la misma forma
encuentre un cauce nuevo.
Dios no compite con quienes amamos.
Dios sostiene el amor cuando ya no sabemos dónde ponerlo.
Quizá hoy no necesitas entender tu duelo.
Ni explicarlo.
Ni justificar por qué duele tanto.
Tal vez solo necesitas preguntarte con honestidad:
– ¿Dónde está descansando mi amor ahora?
– ¿Qué estoy pidiendo que me sostenga en esta ausencia?
– ¿Estoy intentando cargar sola un peso que no me corresponde?
El dolor no se va porque lo empujes.
Se transforma cuando encuentra una base firme.
Cierre
El duelo no siempre vuelve para hundirte.
A veces vuelve para enseñarte
que el amor necesita un fundamento que no desaparezca.
Lo que fue verdadero no se pierde.
Pero necesita descansar en Aquel que permanece
cuando todo lo demás se va.
Y desde ahí,
poco a poco,
la vida vuelve a encontrar suelo.
🌿Jessica
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