Cuando tu imagen se derrumba y tu mundo se viene abajo
Susurros al olivar
«A veces lo que se rompe no es la vida, es la imagen que sostenía tu vida.»
Reflexión inspirada en las lecturas del 15 de enero 2026
Primer libro de Samuel 4,1–11 | Salmo 44,10–11. 14–15. 25–26 | Evangelio: Marcos 1,40–45
Susurro del olivar,
Hay momentos en los que no solo pierdes una batalla.
Pierdes el suelo.
No porque hayas dejado de creer,
sino porque aquello que te hacía sentir fuerte, respetada, segura, ya no sostiene nada.
Y cuando eso cae, cae también lo que pensabas que eras.
Israel entra en combate y es derrotado (Primer libro de Samuel 4,1–11).
Entonces hace algo que parece correcto, trae el Arca.
La celebra, la exhibe, grita como si esa presencia garantizara el resultado.
Pero el Arca no es un amuleto.
Y Dios no es un trofeo.
Cuando la fe se usa para sostener una imagen, la realidad la desmiente.
Y el golpe es devastador.
No solo por la pérdida,
sino por la exposición.
El salmo dice lo que se siente cuando esa imagen se derrumba.
Vergüenza.
Humillación.
Ser motivo de burla.
Sentirte pequeña en los ojos de otros, y en los tuyos también.
No es solo dolor, es desorientación.
Es no saber dónde esconderte.
Y sin embargo, en el salmo aparece un movimiento que no es desesperación vacía.
Es rendición.
“Estamos postrados en el polvo.”
Ya no hay nada que mostrar.
Ya no hay nada que sostener.
Solo queda pedir ayuda desde la verdad.
El Evangelio tiene el mismo nervio, pero en pequeño.
Un hombre es sanado por pura compasión.
Y después, en vez de recibir con silencio, se adelanta.
Cuenta la historia a su manera.
Se apropia de la gracia como si fuera algo para exhibir.
Y el resultado es extraño.
Jesús queda fuera.
En lugares desiertos.
No porque deje de actuar,
sino porque la gracia no se deja usar para alimentar el ego.
Dios no se mueve al ritmo de nuestra necesidad de reconocimiento.
Pero el final abre una puerta.
Aunque Jesús esté fuera, la gente sigue yendo hacia él.
Como si el texto dijera, sin explicarlo:
cuando lo que te sostenía se rompe, todavía puedes acercarte.
Y acercarte de verdad.
Ahí está la salida de hoy.
Cuando tu imagen se derrumba y tu mundo se viene abajo,
quizá lo que está siendo derribado no es tu vida,
sino lo que ya no podía sostenerla.
Dios no te abandona cuando tu imagen cae.
Dios te espera donde ya no puedes fingir.
En la verdad.
En el polvo.
En el lugar donde ya no hay nada que mostrar.
Y desde ahí, empieza la reconstrucción real.
No la que impresiona,
sino la que salva.
🌿Jessica
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