Cuando el miedo te impide seguir tu llamado
Susurros al olivar
A veces no es falta de deseo lo que te detiene, sino el miedo a confiar en quién estás llamada a ser.
Reflexión inspirada en las lecturas del 8 de enero 2026
Primera carta de san Juan 4,11–18 | Salmo 72,1–2. 10. 12–13 | Aleluya: Primera carta a Timoteo 3,16 | Evangelio: Marcos 6,45–52
Susurro del olivar,
Hay un deseo que vuelve una y otra vez.
No se va.
No se apaga del todo.
Es una intuición persistente de que hay algo más que podrías vivir,
algo que te llama por tu nombre,
algo que tiene que ver con quién eres de verdad.
Y sin embargo, el miedo se interpone.
No siempre como pánico.
A veces como prudencia excesiva.
Como cálculos.
Como preguntas razonables que esconden una inquietud más profunda:
¿y si no funciona?,
¿y si me equivoco?,
¿y si no soy suficiente para esto?
El miedo no niega el llamado.
Lo retrasa.
Las lecturas de hoy no minimizan ese miedo,
pero tampoco lo colocan en el centro.
San Juan recuerda algo esencial:
el amor no empieza en ti.
Tú no tienes que generar la fuerza para dar el paso.
La fuerza viene de haber sido amada primero.
Por eso dice que la fe vence al mundo.
No porque garantice éxito,
sino porque libera del peso de tener que asegurarlo todo antes de moverse.
La fe no elimina el riesgo.
Lo atraviesa.
El Evangelio lo muestra con claridad.
Jesús habla desde su identidad,
no desde la aprobación.
No espera a que todos estén de acuerdo.
No negocia su llamado con el miedo de los demás.
Y aun así, la resistencia aparece.
Las preguntas surgen.
La familiaridad intenta reducir lo que es grande.
Ese mismo mecanismo opera dentro de nosotros.
El salmo responde a la inquietud que el miedo suele traer:
¿estaré protegida?,
¿quién cuidará de mí si doy este paso?
La respuesta no es una promesa de comodidad,
sino de cuidado.
No de control,
sino de dignidad y preservación de la vida.
Cuando el miedo te impide seguir tu llamado,
no es porque el llamado sea falso.
Es porque estás intentando vivirlo desde la seguridad,
y no desde la alineación.
Hoy la Palabra no te empuja.
Te reubica.
Te recuerda que cuando permaneces conectada,
la vida de Dios se expresa a través de ti con una fuerza que no nace del cálculo,
sino de la verdad.
Quizá no se trata de saber si “lo lograrás”.
Quizá se trata de confiar en que vivir desde quien estás llamada a ser
no es un error,
aunque el camino no esté garantizado.
Porque el miedo puede bloquear el paso,
pero no define el llamado.
Y cuando eliges permanecer,
la fuerza que no tenías empieza a fluir.
🌿Jessica
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