Cuando sigues cayendo de nuevo en sentirte miserable
Susurros al olivar
A veces no duele caer, sino no entender por qué vuelvo a un lugar que ya no es mi hogar.
Reflexión inspirada en las lecturas del 3 de enero 2026
Primera carta de san Juan 2,29–3,6 | Salmo: 98,1. 3cd–4. 5–6 | Aleluya: Juan 1,14a. 12a | Evangelio: Juan 1,29–34
Susurro del olivar,
Hay momentos en los que todo parece estar bien.
Hay claridad.
Hay paz.
Hay una sensación de estar alineado.
Y luego, sin saber muy bien cómo,
vuelves a caer en ese mismo estado de siempre.
Pesadez.
Culpa.
Miseria interior.
No porque quieras.
No porque hayas decidido alejarte.
Simplemente ocurre.
Las lecturas de hoy no ignoran esa experiencia.
La nombran sin avergonzar.
San Juan dice algo que suena sencillo, pero pesa por dentro:
Somos hijos de Dios. Y eso es lo que somos.
No es una promesa futura.
Es una realidad presente.
Y sin embargo, también reconoce la tensión.
Lo que somos todavía no se ve del todo.
Hay una distancia entre la identidad y la experiencia.
Entre la vida que se nos ha dado
y la forma en que a veces seguimos viviendo.
El salmo no responde a esa tensión con reproches.
Responde con alegría.
Como si dijera:
la salvación ya ha ocurrido,
aunque tú aún no la vivas plenamente.
Y Juan el Bautista señala a Jesús y lo nombra:
el Cordero que quita el pecado del mundo.
No el que lo señala.
No el que lo acumula.
El que lo quita.
Entonces, ¿por qué sigues cayendo en sentirte miserable?
Quizá no porque el perdón falte.
Quizá no porque Dios se haya retirado.
Sino porque, por momentos,
vuelves a vivir como alguien que ha olvidado quién es.
El pecado, en estas lecturas, no aparece como una lista de fallos,
sino como una forma de desalineación.
Vivir como si no pertenecieras.
Actuar como si no fueras hijo.
Olvidar que el Espíritu permanece.
Y cuando eso ocurre,
la miseria no es castigo.
Es señal.
Una señal de que estás viviendo por debajo de tu verdad.
Hoy la Palabra no te pide que te esfuerces más.
Te invita a permanecer.
A volver al lugar donde ya fuiste reconocido.
Donde ya fuiste nombrado hijo.
Si sigues cayendo de nuevo en sentirte miserable,
no es porque todo esté perdido.
Es porque algo en ti sabe
que esa no es tu verdadera casa.
Y ese saber, aunque duela,
también es una forma de esperanza.
🌿Jessica
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